Aislamiento que se sostiene en el tiempo
El sellado perimetral y la masa interna trabajan juntos para bajar el ruido de conversación y tránsito. En una oficina con planta abierta, eso se traduce en llamadas que no se escuchan desde el pasillo.
Los refugios acústicos de Silencio Modular funcionan como un sistema: elegís dimensiones de módulo, acabados intercambiables y componentes de ventilación e iluminación según lo que necesites resolver en oficinas, bibliotecas, coworkings o espacios públicos.
Cada opción del sistema modular responde a una situación concreta de uso. Estos son los puntos donde se nota la diferencia en el día a día.
El sellado perimetral y la masa interna trabajan juntos para bajar el ruido de conversación y tránsito. En una oficina con planta abierta, eso se traduce en llamadas que no se escuchan desde el pasillo.
Los módulos renuevan el aire con un caudal regulable que no compite con el silencio. Sirve para sesiones largas de lectura o jornadas de teletrabajo sin la sensación de estar encerrado.
Podés pasar de una luz cálida para descanso a una más fría para concentración. Útil en bibliotecas donde el mismo módulo se usa para estudiar de día y leer de noche.
El módulo llega ensamblado y se fija con anclajes puntuales. No hay picado, ni escombros, ni permisos de obra mayor: se instala en un turno y la planta sigue funcionando.
Madera, textiles lavables o paneles neutros según el entorno. En un coworking conviene algo resistente al uso; en una biblioteca, un acabado que no compita con el mobiliario existente.
Filtros, burletes y luminarias se reemplazan sin desarmar el módulo. Eso baja el costo de operación y evita que el refugio quede fuera de servicio por una pieza gastada.
Si querés ver cómo se combinan estas opciones en un caso real, podés revisar las capacidades de configuración o consultar los recursos técnicos antes de definir tu planta.
Desde la primera consulta hasta el módulo funcionando en tu planta. Cuatro etapas concretas, sin obra húmeda y con ajustes sobre la marcha si el uso cambia.
Visitamos el lugar, medimos ruido de fondo y tránsito, y anotamos dónde conviene ubicar el refugio. También revisamos enchufes, ventilación existente y ancho de paso para el montaje.
Elegimos tamaño, cantidad de plazas y componentes: aislamiento, ventilación silenciosa, iluminación regulable y acabados. La configuración responde al uso previsto, no al catálogo.
El módulo se arma en taller y llega ensamblado. Se fija con anclajes puntuales, sin cortes estructurales. Coordinamos horarios para no frenar la actividad del edificio.
Verificamos sellados, regulamos la ventilación y probamos la luz. Dejamos una guía simple de mantenimiento y quedamos disponibles para sumar componentes más adelante.
Si querés ver el detalle técnico de cada componente, está todo en capacidades y componentes. Y si buscás criterios de uso antes de decidir, conviene pasar por recursos.