Diseño modular de interiores
Adaptamos el módulo a la planta disponible: pasillos angostos, esquinas con ventanal, salas de lectura con techo bajo. Definimos medidas, puertas y ubicación antes de fabricar.
Proyectamos, fabricamos e integramos módulos compactos para oficinas, bibliotecas, coworkings y espacios públicos, ajustando cada unidad a la planta disponible y al uso previsto.
Antes de pedir una visita, casi todos los equipos preguntan lo mismo. Acá van las respuestas sin vueltas.
Sirve para bajar el ruido de fondo del ambiente y devolver el foco en tareas de lectura, escritura o videollamada. No reemplaza un estudio de grabación ni aísla vibraciones estructurales del edificio. Si el problema es un taladro en el piso de arriba, ningún módulo lo va a tapar del todo.
Las unidades compactas para una persona entran en un rincón de oficina o entre dos estanterías de biblioteca. Los refugios dobles piden un poco más de ancho y conviene dejar libre el frente para abrir la puerta sin golpear muebles. En la visita medimos el lugar y vemos si hay que reubicar algo.
Usamos ventilación forzada de bajo caudal con conductos que amortiguan el paso del aire. La idea es renovar el aire sin que el propio sistema se escuche. En espacios de uso prolongado sumamos un sensor de CO2 para que el módulo avise cuándo conviene ventilar más.
No. El módulo llega armado desde el taller y se fija con anclajes puntuales al piso. No hay mezcla, no hay cortes estructurales y no se toca la instalación eléctrica del edificio más allá de una toma cercana. En edificios en funcionamiento coordinamos el montaje por etapas para no frenar la actividad.
Sí. Trabajamos con madera de guatambú, paneles textiles lavables y terminaciones pintadas. Si la biblioteca tiene estanterías de roble o la oficina es toda gris, buscamos que el módulo dialogue con eso y no quede como un cuerpo extraño. El piso y la puerta son los puntos donde más se juega el resultado final.
La limpieza es la de cualquier mueble: paño húmedo en las superficies y aspirado suave en los paneles textiles. Los filtros de ventilación se revisan cada tanto según el uso. En lugares de alta rotación, como terminales o coworkings, dejamos un plan simple de mantenimiento para el personal del edificio.
Si tu duda no está acá, podés escribirnos a hola@silenciomodular.ar o ver más detalles en recursos.
Cada refugio acústico arranca con una pregunta simple: qué ruido hay que sacar de encima y quién lo va a usar. De ahí salen el tamaño, el aislamiento y los acabados. Trabajamos con oficinas, bibliotecas, coworkings y espacios públicos de Córdoba y del resto del país.
Adaptamos el módulo a la planta disponible: pasillos angostos, esquinas con ventanal, salas de lectura con techo bajo. Definimos medidas, puertas y ubicación antes de fabricar.
Combinamos lana mineral, madera de guatambú y paneles textiles lavables según el uso. En lugares con alta rotación priorizamos superficies fáciles de limpiar sin perder absorción.
Un refugio cerrado necesita aire sin sumar ruido. Integramos extractores de baja sonoridad y entradas de aire tratadas para que el módulo no se sienta como una caja.
Luz cálida para lectura, luz neutra para videollamadas. Regulamos intensidad y temperatura según la tarea y la orientación del espacio donde queda el módulo.
Los módulos llegan ensamblados de taller y se fijan con anclajes puntuales. Sin cortes estructurales ni obra húmeda, algo clave cuando el edificio sigue funcionando.
Ajustamos colores, texturas y herrajes para que el refugio no irrumpa en una biblioteca histórica ni desentone en un coworking vidriado. La estética también es parte del trabajo.
Si querés ver cómo aplicamos estas capacidades en casos reales, podés revisar los recursos técnicos o conocer más sobre el equipo.